martes, 20 de abril de 2010

De chefs y cocineras.



Les propongo el ejercicio de desprendernos por unos instantes de las pasiones políticas –o no tan políticas en realidad.

Les propongo que me acompañen por unos instantes a analizar la coyuntura actual desde el lugar de una mujer que lucha por que las mujeres alcancemos la igualdad, y que toma para sí las banderas históricas de los diferentes feminismos.

Y desde este lugar –para nada cómodo- de la doble militancia, trato de despojarme yo también de mi ideología política para hacer un alto y ver que está pasando sólo como mujer.

Es que, en realidad, la vorágine informativa pocas veces nos da el tiempo necesario de digestión de lo que se comunica, la posibilidad de “ordenar” lo que sucede por tema.
Pongo como título en mi cabeza “mujeres”, recopilo datos y me invade un optimismo y una cierta alegría que a veces me hace falta…

Todos sabemos que la mayoría de los hogares monoparentales de nuestro país tienen como jefa a una mujer. Sabemos también del impacto directo de las crisis económicas en la situación de las mujeres que, ante el desempleo de su pareja o lo insuficiente de su salario, salimos a “tapar agujeros”. Y la mayoría de las veces en negro, a modo de changas que desgastan máxime teniendo en cuenta que todo el trabajo doméstico también recae mayoritariamente sobre nosotras.
Primera buena noticia para nosotras, pues: la asignación universal por hijo. Alivio económico importante, motivo para que un 25% más de niños vuelvan a la escuela. Otro alivio para muchas mujeres que de otro modo no lograban la tranquilidad de saberlos en la escuela mientras salen a buscar sustento.

Segunda buena noticia: el Día de la Mujer tomó estado parlamentario un proyecto de ley que nos permitiría obtener la soberanía de nuestros cuerpos. La ley de interrupción voluntaria del embarazo que cuenta ya con el apoyo de muchos legisladores y cuyo debate es inminente. Debate que indudablemente traerá aparejado un mayor compromiso estatal en la prevención de embarazos no deseados mediante el sistema educativo y el de atención primaria de la salud.

Tercera en el podio ubico a la noticia de que Lidia Mondelo, Presidenta del Consejo Nacional de las Mujeres, informó que para el próximo mes estará terminado el decreto reglamentario de la Ley 26.485 para “prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”. La Ley, perfectible como cualquier producción humana, implica un enorme avance con respecto a la anterior y su correlato provincial: sale del ámbito doméstico reconociendo que la violencia contra las mujeres es producto de la desigualdad de poder existente entre varones y mujeres. También es novedoso el proceso participativo que se está dando en la redacción del Decreto Reglamentario. Menudos avances…


El Ministro de Justicia de la Nación, Julio Alak, nos dio en estos días otra buena noticia: reconoció a la prostitución como “esclavitud”, y llamó a criminalizar a quienes recurren a las redes de trata de personas para obtener servicios sexuales. Reconoce, un Ministro de la Nación, que sin clientes no hay prostitución ni trata. Reconfortante noticia, sobre todo teniendo en cuenta que hasta hace muy poco, el neoliberalismo pretendía convencernos a las mujeres de que la prostitución era un trabajo, sujeto a las leyes “naturales” de la oferta y la demanda.

Para el final dejé, aunque la enumeración no corresponde a una asignación de importancia a los temas de mi parte, la Ley de Unión Civil de personas del mismo sexo, que también prometen tendrá tratamiento en este período legislativo. Este camino hacia la igualdad de derechos que ya está empezando a recorrerse en la ciudad autónoma de Buenos Aires, parece que por fin tendrá alcance nacional.

Me pregunto siempre por qué el calificativo de “gran estadista” le es asignado sólo a los varones que en ejercicio del poder logran muchos avances en un tema determinado. Como sucede también en la cocina, ámbito en el que si se destaca un varón es “chef”.

Y concluyo que, para el colectivo mujeres, Cristina Fernández es una gran cocinera. Supo crear las condiciones políticas para que se debatan nuestros temas, siempre postergados.

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