martes, 15 de junio de 2010

Mundial exótico


Pululan en la modernidad globalizada intentos por convencernos de las bondades de una multiculturalidad que muchos consideran alcanzada. Sobre todo, autores europeos que se dedican a la investigación en multiculturalismo y parecieran vivir en un frasco porque ignoran la xenofobia y el racismo propios de los países desde los que “generan” conocimiento.
Y fueron suavizando las palabras. Por ejemplo, apareció en escena para evitar decir “subdesarrollado”, “primitivo”, “bárbaro” o “atrasado” el adjetivo “exótico”.
Adjetivo que no se tomaron el trabajo de buscar en el diccionario, y que nos remite a muchos más conceptos de aquel al que se lo reduce, que es el de “extranjero, peregrino, sobre todo si procede de un país lejano”. Todo lo diferente quedó bajo el paraguas protector del término exótico.
Las abundantes notas de color por parte de enviados especiales que tuvieron que llegar muchos días antes a Sudáfrica y transmitir largas horas por día, nos llenaron –en verdad nos rebalsaron- de información banal que muchas veces giraba sobre lo “exótico” del país anfitrión y su gente.
Pero “exótico” también quiere decir “extraño, chocante, extravagante”.

Interesada como estoy por la situación de las mujeres, aproveché la motivación que el fútbol brinda para tratar de aprender algo sobre la realidad de las mujeres en Sudáfrica, sabiendo que en realidad es un país rico si se quiere dentro del continente, ya que su actividad económica constituye el 25% del PBI del mismo.
Aclaración que hago porque podemos imaginar a partir de este dato, cuanto peor será la situación de las mujeres en otros países de África.
Me encuentro con datos escalofriantes: el 25 % de los varones han violado alguna mujer en su vida; el 58% de ellos más de una vez. La mayoría de las mujeres no ha terminado ni siquiera el tercer grado de escolarización. Viven inmersas en el más absoluto patriarcado, razón por la que pasan de la dominación paterna a la dominación del marido sin escalas. La violencia contra ellas está generalizada. El Sida –que hace estragos en África porque la situación de vulnerabilidad social hace que no tengan las drogas ni el estado de salud general para que se transforme en una enfermedad crónica como sucede en los países ricos- se ha feminizado. La prostitución es perseguida por prohibida, razón por la que las mujeres en esa situación no tienen derecho a reclamo alguno ante el estado.
En otro orden de cosas, voy incorporando la “información” sobre las mujeres y el mundial que aparece por los medios.
Escucho que “hay preocupación” por parte del Comité Organizador por el contingente de ¡40.000! prostitutas extra que llegarán a satisfacer esa extraña conexión que tienen los varones entre euforia deportiva y sometimiento a las mujeres. Conexión que queda claramente expuesta en una propaganda en la que el sillón de un varón que acaba de ver un partido se trasforma en una cama con dos mujeres tendidas el ella acechándolo. El slogan de remate dice algo así como que después del fútbol, nos toca a las mujeres. El Reino Unido, conmovido por esta situación, aporta un montón de condones a fin de que los clientes no corran riesgos.
Veo montones de modelos de todas partes del mundo disfrazadas con indumentaria deportiva hot, expuestas en pelotas -no con pelotas, hecho que les permitiría jugar. Y no, no tenemos permitido nada más que estar mudas, mostrando lo que se puede vender.
También vi a alguna mujer negra pobre, muy pobre, acarreando sola a cinco niños.

Y volví, como de un sueño, a revisar la segunda acepción de “exótico”. Para ver por qué puede ser que elijan esa palabra.

“Extraño…chocante…extravagante”.

Lo de chocante sin dudas lo comparto tanto para lo que revisé acerca de la situación de las sudafricanas, como para la relación mujeres/mundial que nos transmiten.

Pero lo de extraño o extravagante me hacen descartar el término exótico cuando me refiero a este tema.
“Nada de lo humano me es ajeno” dijo alguna vez alguien que no recuerdo. Como mujer, ninguna de las situaciones que describo me resulta extraña o extravagante. Ni en Sudáfrica ni aquí.
En todas partes tenemos las mismas dificultades, en todas partes sufrimos el mismo destrato. En todas partes son pocas las voces disidentes que se hacen oír.

Definitivamente. En lo que hace a las mujeres, este Mundial no es exótico.

miércoles, 9 de junio de 2010

Rubias de New York

Siempre me indignaron los prejuicios, sobre todo los que nos ponen a las mujeres en rol protagónico.
Amante de las telenovelas cuando niña, me preguntaba por qué –ustedes, lectores de más de cuarenta recordarán- las malas eran morochas. Las buenas, rubias. Hay toda una construcción en nuestra sociedad respecto de las bondades de ser rubiecita. Jacinta Pichimahuida era rubiecita.
Construcción que, en mi recuerdo, empezó a coexistir con otra: la que nos remite a la estupidez o taradez de las rubias. Tinelli la sigue a pie y juntillas, bastardeando la capacidad intelectual de cuanta rubia se le para al lado en su programa.
La canción de Sumo que hablaba de “la rubia tarada, bronceada”, también me daba bronca. Remite a la facilidad con que algunos nos clasifican a las mujeres en buenas/malas; lindas/inteligentes; santas/putas; femeninas/machonas; y todos los duales que puedan agregar a esta lista.
Por lo expuesto, créanme que la pregunta que me surge por estos días nada tiene que ver con prejuicios. Tal vez, surja sólo de la mera coincidencia. Pero vengo escuchando tanta declaración pública esbozada a viva voz por parte de divas o mujeres públicas rubias que me pregunto si la tintura casi platinada, o tal vez los decolorantes previos a su aplicación, no causarán –en algunos casos- daños colaterales.
Mirtha Legrand, Susana Jiménez, Elisa Carrió. Platinadas y desopilantes en sus apreciaciones, voceras de lo más obsceno del poder local.
La Legrand, como le gusta llamarse, ya perdió pista. Recuerdo que Landrú escribió una vez que si seguía habiendo devaluación, se terminaría llamando “Lepetit”. Sin devaluación de por medio, la profecía se cumplió: está cada vez más pequeña en lo que a dignidad refiere. En uno de sus últimos almuerzos se solidarizó con la Sra de Noble. Es decir, con una delincuente común que se apropió de niños ajenos y que se enriqueció despojando de su patrimonio a una familia de empresarios torturados por la dictadura. Una joyita…
Por mucho menos que esta verdadera apología del delito, debió abandonar nuestro país el embajador chileno. No tenía la inimputabilidad que esta diva rubia detenta por estos pagos.
Susana, que vive hablando loas de lo que ella considera “países serios”, se habrá quedado sin palabras al ver que uno de los países que gusta incluir en su lista –Chile- sanciona a un funcionario que se atreve a resaltar las virtudes de la mano dura, de la que ella vocifera ser partidaria. Mientras pregunta si se pueden ver dinosaurios vivos. O mientras le explica a Macri que la sociedad se divide en “buenos” y “malos”, los primeros son ellos. Porque trabajan, y son exitosos. Los otros son los que los envidian, los secuestran, les roban. Otra joyita…
Pero la que peores lesiones presenta es Elisa Carrió. Tal vez porque al ser legisladora debería poder abstenerse al decir “lo que le pinta”. Un par de situaciones apocalípticas frustradas que había pronosticado para fines de 2009, con una emboscada al “campo” que iba a quedar encerrado en la ciudad de Buenos Aires. O un gobierno nacional que estaba armando al pueblo.
Ya este año lloró en cámara por los hijos de Noble –cuando antes había participado de la Ley de creación del banco de datos genéticos.
Ahora declara, en versión futbolera pre-mundial, que prefiere a los que no hacen goles con la mano… a los que patean con los pies.
Otra joyita…

Personalmente, prefiero a las que piensan con la cabeza. No con los pies.
Así es que, chicas, si están pensando en cambiarse el color de pelo, guarda con los rubios… Elijamos los castaños. O los rojizos.